ESTRATEGIA

Navegar la incertidumbre

Lo que La Odisea puede enseñar a los estrategas de nuestro tiempo.

Eugenio Yarce

Christopher Nolan lleva a la pantalla una de las obras más importantes de la cultura occidental. La Odisea, el poema épico atribuido a Homero, relata el largo viaje de Odiseo de regreso a Ítaca después de la guerra de Troya.

Un relato escrito hace casi tres mil años resulta muy pertinente para nuestra realidad. Odiseo enfrenta un mundo que no controla y que tiene que aprender a navegar.

Odiseo tiene un gran recurso: la mêtis, la capacidad de leer las circunstancias, adaptarse y encontrar cómo actuar frente a lo inesperado.

Odiseo es un estratega.

Su desafío es regresar a Ítaca. Sabe a dónde quiere llegar, pero no sabe lo que encontrará en el camino.

Durante el viaje enfrenta tormentas, monstruos, dioses, tentaciones, pérdidas y también las consecuencias de sus propias decisiones. A medida que avanza, las circunstancias cambian y lo obligan a decidir nuevamente.

Odiseo tiene un propósito: volver a casa, pero no tiene un camino trazado. Tiene que observar, interpretar, decidir, equivocarse, aprender y volver a decidir.

Un estratega comprende las circunstancias, toma decisiones y construye caminos para avanzar hacia un propósito.

Eso hace Odiseo.

El estratega frente a lo inesperado

También sabe que no todas las situaciones pueden enfrentarse de la misma manera.

Frente a Polifemo utiliza la astucia; ante las sirenas reconoce sus propias limitaciones y pide que lo aten al mástil; con Circe encuentra la manera de seguir adelante. En otros momentos tiene que esperar, resistir o cambiar el rumbo.

Quizá por eso Odiseo resulta tan contemporáneo.

Durante mucho tiempo nos hemos orientado a gestionar el riesgo. Identificar amenazas, estimar probabilidades y construir respuestas ha sido necesario y seguirá siéndolo.

Pero hoy enfrentamos un entorno marcado también por la incertidumbre y la complejidad. No siempre sabemos lo que puede ocurrir, múltiples variables interactúan de maneras difíciles de anticipar y muchas decisiones deben tomarse sin contar con toda la información.

Gestionar el riesgo ya no es suficiente.

Necesitamos también algo de la mêtis de Odiseo: la capacidad de comprender las circunstancias, adaptarnos y encontrar cómo actuar frente a escenarios que no habíamos previsto.

Necesitamos aprender a navegar la incertidumbre.

Ítaca: el propósito que orienta el viaje

Pero navegar la incertidumbre no significa avanzar sin rumbo. Odiseo sabe a dónde quiere llegar.

Después de veinte años fuera enfrenta múltiples posibilidades. Podría renunciar al regreso y permanecer en otros lugares. Calipso incluso le ofrece la inmortalidad, pero Odiseo quiere volver.

Ítaca es más que un lugar.

Representa aquello que orienta su viaje aun cuando las circunstancias cambian y el camino no está trazado.

Ahí aparece otra dimensión del estratega: puede cambiar de rumbo, modificar una decisión, esperar, explorar otras posibilidades e incluso retroceder, pero necesita saber hacia dónde quiere ir.

La lección de Odiseo

Quizá por eso seguimos leyendo La Odisea casi tres mil años después.

Todos enfrentamos nuestros propios cíclopes, sirenas y tormentas; situaciones que no controlamos, decisiones que debemos tomar sin contar con toda la información y caminos que tenemos que construir mientras avanzamos.

Ser estratega no significa conocer de antemano lo que va a ocurrir. Significa comprender el entorno, adaptarse, aprender, tomar decisiones y seguir avanzando hacia aquello que queremos construir.

El estratega sabe navegar en un mundo que no controla, sin perder de vista hacia dónde quiere ir y sabiendo que el camino nunca se recorre solo.

Se navega en equipo, en manada.

Es tiempo.